Esta es la historia de una vida, de una pérdida y de un tributo por un perro que estuvo siempre con su humana, ayudándola e impactando cada aspecto de su vida, incluyendo la maternidad.
Taylor tenía 23 años cuando Harrow llegó a su vida, un perro cariñoso, siempre atento a ella, buscando su atención y su cariño. Era un animalito tan dulce y dependiente de su atención que Taylor buscó trabajos que le permitieran hacer desde casa, para pasar más tiempo con él.
Harrow estaba ahí cuando Taylor conoció al que sería su esposo, Chris. También lo estuvo durante el noviazgo, cuando se prometieron y en la boda. Formó parte de cada día importante para la pareja, pero sobre todo fue parte del día a día, de las pequeñas cosas y los momentos dulces y sin importancia que forman la vida.
Fue gracias a Harrow que Taylor encontró el valor para ser madre. Incluso embarazada, siguió llevando a su cariñoso perro a los paseos por la montaña, haciendo senderismo conforme su barriga iba creciendo. Le encantaba hacerlo, porque era allí donde Harrow, que ya tenía diez años, volvía a ser un cachorro.
Finalmente nació Birdie, la hija de Taylor y Chris, y muy poco después la presentaron a su hermano perruno. Harrow inmediatamente supo que aquel era un cachorrito y había que tratarlo con cuidado, y siempre fue el más dócil y cuidadoso con el bebé.
Birdie tenía solo cinco días cuando el veterinario le dijo a Taylor que Harrow tenía cáncer. No le daba más de dos meses de vida.
Fue devastador para todos, ya que ¿qué iban a hacer sin él? La mujer sentía que siempre había tenido a Harrow en su vida, y no concebía otra cosa.
Le dieron todo aquello que le gustaba, sus juguetes, sus golosinas, y en especial aquellos paseos por la montaña, siempre temiendo que fuera el último.
Pasaron dos meses, tres y cuatro, y Harrow aguantaba, cada día más cansado.
Birdie tenía ya seis meses cuando el perro simplemente dejó de levantarse. Aguantó unos días, y en ese tiempo, sus humanos le recordaron lo mucho que lo querían, lo importante que era para ellos. Finalmente fue el momento del adiós, y con el corazón roto lo llevaron a dormir.
Pero este no es el final. Para bien o para mal, los humanos vivimos mucho más que los perros, y aunque se nos rompe el corazón, a menudo tenemos sitio y mucho amor que dar.
Taylor sobrellevó la pérdida lo mejor que pudo. Fueron dos años muy agridulces, porque por un lado cada día se levantaba preguntándose dónde estaba Harrow, que debería compartir con ella cada pequeño momento, y por otro, su hija Birdie crecía lista y valiente, una personita maravillosa de la que estaba muy orgullosa.
Entonces vio el anuncio de un perro senior que necesitaba un hogar, y era igualito que Harrow. Taylor no creía estar lista para tener otro perro, pero tampoco lo estaba cuando Harrow llegó a su vida, de modo que pensó en cómo ella había sido una mejor persona gracias a él, y que Gunner podría hacer lo mismo por Birdie.
Así que lo adoptaron, y encontraron en él un perro amable y gentil que siempre seguía y protegía a su hija. Y Taylor pensó con alivio que era Harrow quien les había enviado a Gunner, y daba las gracias por ello.
Marcos Mendoza
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Me encanta leer estas historias llenas de amor por nuestros hijos perrunos, pero sufro mucho cuando estos tienen que morir por cualquier motivo😔 Me siento feliz que Harrownhaya sido feliz en su familia, pero muy doloroso e incomprensible el porqué tienen que irse tan rápido de nuestras vidas😩😩 Yo tengo a tres muertos en mi vida y siempre los recuerdo, y hace tres meses se me murió la última de apenas 3 añitos mi Negrita traviesa, pero tan amable y tan noble de sentimientos y la lloró casi todos los días y no me resigno que ya no este con nosotros, me ha quedado otra llamada Samantha ella tiene 9 años y no quiero ni pensar en ese día en que ya no esté con nosotros😭 Ellos merecen todo nuestro amor, cuidados, atención porque son seres muy especiales llenos de amor, fidelidad, son espectaculares y maravillosos❤️❣️ Bendiciones🙏🙏